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LINA: MI PEQUEÑA LECCIÓN DE VIDA
5 enero 2018 (27 meses)



22/12 – 16:15; Ingreso en el hospital. Desde hace tiempo tengo hemorragias y sospechan que pueda tener pérdida de líquido amniótico. Mi marido está de viaje y mis dos hijos Elías y Alegría se quedan con mis padres. 
22/12 – 20:00; Primera noche en el hospital. Antibióticos para prevenir infección por sospecha de bolsa rota. 
23/12 – 12:00; Confirman la rotura de bolsa. Comienzan a madurar el sistema respiratorio de Lina. Hay que intentar que permanezca dentro de mi el mayor tiempo posible. Debo permanecer en reposo. Temor de parto prematuro, temor de que pueda tener secuelas, rabia, dolor.
24/12 – 09:00; Inicio de contracciones rítmicas. Medicación intravenosa para frenar el trabajo de parto durante 48 horas. Puedo ver a mis hijos un ratito en la habitación.
25/12 – 00:00; Navidad en mi corazón. Soledad en la habitación.
25/12 – 11:00; Visita sorpresa de mis hijos Elías y Alegría. Último abrazo con ellos antes de que nazca su hermana.
25/12 – 15:00; Comienzo a tener hemorragias abundantes. 
25/12 – 18:00; Aviso al equipo médico de que estoy manchando en abundancia. Actúan muy rápido. Mediante ecografías confirman que Lina está bien así que suspenden la medicación intravenosa para frenar contracciones y empiezan a transfundirme sangre por tener la hemoglobina excesivamente baja. A la par maduran a Lina neurológicamente. Inmovilizada en cama, sin comer y con contracciones moderadas.
26/12 – 08:00; Va subiendo la hemoglobina, la hemorragia continúa pero está controlada. Las contracciones han disminuido por si solas. 
26/12 – 21:00; La ginecóloga de guardia nos dedica a Lina y a mi toda su atención y mediante ecografías consigue aclararme lo que está sucediendo. Un hematoma muy grande está despegando la placenta. La herida está abierta y está rota la bolsa amniótica. La situación es delicada porque en el caso de que la placenta se desprendiera por completo Lina no sobreviviría. La gestación es de 28 semanas y cada día que Lina esté dentro de mi es un gran avance para ella. Reposo absoluto y antibióticos. 
27/12 – 07:00; Un amanecer más, una nueva victoria.
27/12 – 21:00; Mi marido ha estado a mi lado cada día y cada noche. Estoy estable así que decidimos que se vaya a dormir a casa para descansar.
27/12 – 21:30; Siento alguna contracción fuerte esporádica. Pequeños sangrados.
27/12 – 22:00; Controlan las contracciones y el ritmo cardiaco de Lina. Noto que las contracciones van a más y comienzan a ser rítmicas. Mi cabeza y mi corazón luchan por frenar el trabajo de parto.
27/12 – 22:45; Entra la ginecóloga de guardia en la habitación. Aprieta mi útero y sangro abundantemente. No lo duda ni un segundo y con gran aplomo me anuncia que va a hacerme una cesárea. Todo sucede muy rápido. El equipo médico actúa con rapidez y con muchísimo cariño. La situación es de alto riesgo para las dos. Hablo con mi marido por teléfono escasos segundos para avisarle de lo que va a pasar. 
27/12 – 23:15; Es la tercera vez que me encuentro tumbada en la plancha fría del mismo quirófano. Mis tres hijos han nacido en la misma habitación.  
27/12 – 23:30; Llanto mínimo, tres veces, tres gritos que dijeron “estoy aquí”. Lina ha nacido.


28/12 – 00:00; En la sala de despertar. Tiemblo incontrolablemente. Mi marido entra y en un par de minutos llaman de la UCI neonatal. Mi marido se va. Puedo ver el paso del tiempo en un reloj colgado sobre una foto de un bosque de hayas en otoño. Tiempo eterno. Me dicen que vuelvo a planta. Mi marido no ha vuelto así que les pido que esperen. Veinte eternos minutos más. Sin noticias de Lina empiezan el protocolo y finalmente mi cama se mueve. En la salida de la zona de quirófanos están mis padres. En el ascensor comienzo a llorar. Veo que vuelvo a la sexta planta donde había estado unida a Lina. No me llevan a la planta de recién paridas con bebés en brazos. Sé que en la planta a la que me llevan hay dos zonas: una para las embarazadas con altas probabilidades de tener a sus bebés con éxito y otra zona para casos de aborto o embarazos sin probabilidades de culminar con éxito. Mi cama gira hacia la zona complicada, cierro los ojos y siento dolor. Me llevan al fondo, a una habitación muy amplia. Mi marido no está. Mi cabeza sólo piensa que Lina no ha sobrevivido. En la habitación, a media luz, nos quedamos mis padres y yo. Unos minutos eternos, silencio. Entra mi marido. Tiene la cara absolutamente desencajada. Se acerca y me da un beso. Le pregunto: ¿está viva?. Si. No le creo. ¿Seguro?. Si, si, está bien, créeme, está bien. Rompí a llorar. 
28/12 – 02:30; Enfermeras y matronas están pendientes. La pediatra nos visita y nos cuenta como está Lina: ha nacido con 1 kg. de peso y 28 semanas de gestación. Todo va bien. Las primeras 48 horas son cruciales.
28/12 – 06:00; Apenas he cabeceado un par de veces. Mis piernas ya se han despertado. Llanto, rota de dolor, incomprensión, sensación de estar vacía. Le pido a mi marido que vaya a la UCI para ver a Lina.
28/12 – 07:00; La evolución de Lina es muy buena.
28/12 – 12:00; Con mucha ayuda consigo levantarme pero he de volver a la cama. Transfusión de dos bolsas de sangre. Dolor tremendo de la cesárea. Necesidad de conocerla.
28/12 – 15:00; Primera extracción de calostro. 
28/12 – 18:00; Conozco a mi hija.


28/12 – 23:30; Las primeras 24 horas han pasado. La evolución de las dos es muy buena.
29/12 – 07:00; Un amanecer más. Voy aumentando la extracción de leche para Lina.
29/12 – 16:00; Mi marido pasa varias horas con Lina piel con piel. Estoy al lado de los dos sentada en una silla de ruedas.
29/12 – 23:30; Se cumplen las 48 horas cruciales. Todo marcha bien.
30/12 – 07:00; Un nuevo amanecer al lado de mi gran compañero. Los niveles son buenos, voy recuperando fuerza.
30/12 – 17:00; Primer piel con piel con Lina. Emoción y paz. No hay miedos. Volvemos a estar unidas. Con mis manos y mi cuerpo fabrico un seno para contenerla, arroparla, amarla. Dos horas envueltas en paz.
31/12 – 07:50; Extracción manual de 20 ml. de leche. Llanto de dolor por no poder amamantarla. Dolor por lo vivido. Necesidad de abrazar a mis hijos.
31/12 – 15:30; La hora de reencontrarme con mi hijo mayor está cerca. 
31/12 — 17:15; Vuelvo a abrazar a Elías tras seis intensos días. Pensar en su viveza y en su alegría me ha dado fuerza en muchos momentos. Juntos vamos a que conozca a Lina. 
31/12 — 17:30; Mi marido y mi hijo se marchan. Me quedo acariciando a Lina, besándola, conteniéndola durante horas. 
1/1 – 07:00; Despierto al lado de mi gran apoyo. Le traslado mi preocupación por Lina: ¿Habrá sentido soledad durante la noche? Con su enorme grandeza me anima a rectificar mis pensamientos y sentir que las horas que ayer pasó sobre mi pecho le habrán dado la paz necesaria para dormir agarrada a mi olor en su piel, al recuerdo de mi calor y los latidos de mi corazón.
1/1 – 09:30; En el pasillo me cruzo con una mujer embarazada que acaricia su vientre lleno de vida. He roto a llorar. 
1/1 – 10:00; El sol entra de lleno por una ventana al final del pasillo. Hace un día precioso. Me empapo de su poder y doy gracias a Dios. Todo lo vivido, cada instante que ha pasado desde que en urgencias me anunciaron que tenía que quedarme, han sido pequeñas e intensas lecciones que han cambiado mi vida. Cada paso he intentado darlo hacia delante: hacia Dios y su grandeza, hacia el corazón de mi marido, hacia la hermosa sonrisa de mis hijos y hacia las ganas de vivir de mi pequeña Lina.
1/1 – 15:00; Recibo el alta médica. 
1/1 – 16:00; Salgo de la habitación por última vez y voy con Lina. Poco a poco voy encontrando la UCI como un lugar acogedor. Hay un poema precioso junto a la incubadora de Lina que dice ''...he nacido antes de tiempo porque necesitaba conocerte..."
1/1 – 19:20; Salimos del hospital agarrados de la mano mi marido y yo. Nuestra hija se queda. Lágrimas. Mi gran compañero me abre la senda emocional que necesito: cada día que pase será un día menos para reagrupar nuestra maravillosa familia. Lucharemos juntos, como siempre hemos hecho.