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EL NIÑO: LA ESENCIA DE LA ESPIRITUALIDAD
13 julio 2017 (21 meses)


Por lo delicado del espíritu de cada uno de mis hijos hace tiempo que estudio como cultivar esta dimensión personal. 

La palabra espíritu se refiere a las más elevadas facultades características del ser humano, a esas virtudes humanas como el amor, el cariño, la generosidad, la responsabilidad por nuestras propias acciones, el perdón, la compasión y la apertura de uno a otro.

Aline D. Wolf, interpretadora moderna de la filosofía de María Montessori y escritora del inspirador libro Como cultivar el espíritu del niño, esclareció a la perfección mis primeras dudas: la espiritualidad es una cualidad básica de la naturaleza humana y la práctica de una religión particular es la manera que elegimos muchas personas para expresar nuestra espiritualidad.

Pero nuestra espiritualidad, expresada o no, existe desde nuestra concepción en el vientre de nuestra madre, continua cuando nacemos, se manifiesta en cómo vivimos, en cómo cuidamos a nuestros hermanos y hermanas, cómo nos relacionamos con la familia y cómo cuidamos a la creación. Todo en nosotros debería estar en equilibrio y cuando no es así surgen los conflictos, primero los interiores y después los exteriores.

Al ser consciente de que mis hijos me alimentan tanto o más que yo a ellos he decidido que debo cultivarme para nutrirles mediante el silencio, la oración, la reflexión, el respeto a la naturaleza, la apreciación de la interconexión de todas las cosas, teniendo paz, mostrando compasión, derrochando generosidad y, sobretodo, amando. Facilitarles a mis hijos el aprendizaje con sus manos, aumentar su capacidad de concentración, estimular su independencia y permitir que sigan sus propios intereses son sólo medios que deben encontrarse en un fin: alcanzar su pleno potencial como ser humano. Cuando trabajan con su cuerpo y su mente están haciendo; cuando lo que hacen nace desde su espíritu están siendoLos niños que trabajan con su cuerpo, su mente y su espíritu están trabajando en comunión con Dios

Acompaña, porque sólo eres un instrumento para su maduración y desarrollo (Papa Francisco en La alegría del amor: sobre el amor en la familia).

He descubierto que hay hechos objetivos de lo que puede significar la religión para un niño pequeño: le puede dar un sentido de identidad, de pertenencia a una comunidad que apoya y celebra los momentos más importantes de la vida, puede sostenerle o ayudarle a encontrar respuestas en momentos difíciles y puede ser la base de una vida ética, respetuosa y compasiva. Hay que hablarle al niño teniendo siempre presente su madurez ya que presentarle cosas que no puede comprender puede ser negativo y hasta espiritualmente perjudicial. Un buen ecuador es ser conscientes de que la capacidad de  juzgar objetivamente el bien y el mal se empieza a desarrollar alrededor de los seis años. Y tener presente que los primeros seis años de vida son de profunda importancia para el posterior desarrollo emocional y espiritual del niño. Los padres que quieran acompañar la fe de sus hijos deben estar atentos a sus cambios y susceptibilidades porque saben que la experiencia espiritual no se impone sino que se propone a su libertad (Papa Francisco).

Y he encontrado escritos interesantísimos de educadores y psicólogos expertos en espiritualidad infantil (como Sofía Cavalletti o Sanford Jones) que coinciden en que los niños necesitan la seguridad de ser criados en una religión específica porque el aspecto fundamental de la vida espiritual del niño es, y debe ser, la alegría del Amor. Los niños pequeños necesitan oír muchas veces que se les ama... que los aman sus padres y que los ama Dios (Carol Dittberner).

He tomado nota de cuatro aspectos de la espiritualidad estudiados y desarrollados desde la filosofía Montessori y el espíritu cristiano para los niños:

El primer aspecto, el asombro y la admiración, se caracteriza por la reverencia a la tierra y todas sus criaturas y el deseo de vivir en armonía con la naturaleza entera. Desde muy pequeños, los niños nos ayudan a regocijarnos del maravilloso don de vida que se les da a los animales, las plantas, y a toda la creación, así como a la humanidad. La afinidad y el amor a la creación que sienten los niños es muy natural ya que son personas espirituales. 

El segundo aspecto de la espiritualidad es la apertura a una existencia más allá de nuestra experiencia sensorial e intelectual, transcendiendo nuestras limitaciones humanas y abriéndonos a la posibilidad de un espíritu creativo infinitamente superior en el universo. Según Cavalletti los niños se mueven con facilidad en el mundo de lo trascendental. 

El tercer aspecto de la espiritualidad es que fomenta una profunda humildad en el ser humano. La humildad consiste en reconocer que aunque seamos mucho más pequeños que Dios, somos importantes y nos quiere. 

Finalmente, la espiritualidad implica una conexión sagrada con la vida entera y una unión con el universo que nos llama a las más elevadas virtudes humanas. Cuando buscamos cultivar la vida espiritual de nuestros hijos debemos permitir que ellos también nos guíen a disfrutar profundamente de Dios y su creación con paz, amor y generosidad.

Quiero encontrar lo más profundo de mi propia esencia interior para que la paz y la fuerza personal obren desde mi auténtico centro. Me gustaría que la naturaleza espiritual de mi hogar y las conversaciones con mi marido y mis hijos reflejaran la humildad, la sensibilidad, la capacidad de respuesta y un profundo respeto por la naturaleza y por todas las personas. Haz resonar en el corazón de tu familia el amor que Dios os tiene (Papa Francisco a una madre).